Esto es lo que le sucede a una persona que come ajo
Esto es lo que le sucede a una persona que come ajo
22.09.2020 |
29375

Esto es lo que le sucede a una persona que come ajo

¿Por qué un piloto antes de un vuelo, un camionero antes de un viaje o un despachador antes de trabajar tienen estrictamente prohibido comer platos con ajo? Pues porque el ajo afecta negativamente a las células cerebrales, reduciendo tres veces la agudez de la reacción.

El profesor estadounidense Robert Back llegó a esta conclusión a fines del siglo pasado. Su investigación muestra que el ajo contiene el ion sulfanil-hidroxilo, cuyo efecto en el cerebro de los mamíferos puede describirse como venenoso. Por cierto, los científicos no recomiendan comer mucho ajo a las personas de edad avanzada por la misma razón, ya que representa el camino directo hacia la demencia senil.

Durante una epidemia de gripe o una infección respiratoria, el ajo es lo primero en lo que piensa la gente. Es cierto que ayuda a combatir los virus, pero los españoles, no acostumbrados a hacer algo a medias, comienzan a utilizar el ajo "a lo loco", consumiéndolo en kilos desde la mañana hasta la tarde. Al final, desarrollan una úlcera en el estómago, a menudo perforada. Y todo esto se debe al ajo. No solo mata los virus, sino que también la mucosa gástrica.

En uno de los temas de un popular programa de televisión español sobre salud, Laura Gallego, su presentadora, recomienda consultar con un médico lo antes posible si hay molestias estomacales después de consumir ajo. Según ella, el estómago no va a reaccionar a esta verdura tras una sola ingesta sin razón aparente. El ajo, como una prueba de fuego, indica inmediatamente la existencia de un problema.

Las propiedades antiplaquetarias del ajo se han descubierto hace poco, pero en medicina popular ya se conocen desde hace mucho tiempo. El ajo realmente actúa como anticoagulante de la sangre, evitando la formación de coágulos sanguíneos, pero la presencia de enfermedades como una úlcera en el estómago o una úlcera duodenal puede hacer que su uso sea fatal para los humanos. En presencia de una úlcera, el ajo puede provocar una hemorragia interna que, a veces, provoca la muerte.

Estas mismas propiedades pueden afectar negativamente al sistema cardiovascular humano, especialmente a aquellos que tienen problemas con él. Una gran porción de ajo puede "dispersar" la sangre, lo que hace que una persona experimente dolores de cabeza junto con mareos, náuseas, arritmia y taquicardia. La literatura médica describe incluso casos de asfixia.

Los españoles, que necesitan tenerlo todo "por si las moscas", empiezan a conservar aquello que consideran útil, incluyendo el ajo. Muchos conservan el ajo en aceite vegetal, creyendo que pueden usarlo de una manera más suave para el estómago, ya que el aceite mitigará el efecto agresivo del ajo sobre el estómago. Si todo esto se conserva en la nevera – no habrá tantos problemas, pero si se hace a temperatura ambiente – supondrá un riesgo de contraer una enfermedad aún más grave.

Gracias al bacteriólogo Alexander Fleming, en 1928 se inventaron los antibióticos. Al mismo tiempo, un estudiante de la Universidad de Moscú, Boris Tokin, descubrió los antibióticos naturales. Estudió el ajo y encontró en él sustancias que matan organismos simples. Boris Tokin los llamó "fitoncidios".

Los fitoncidios del ajo contienen compuestos orgánicos con azufre. A temperatura ambiente, estos compuestos se convierten en un caldo de cultivo para las bacterias anaerobias que causan enfermedades como el botulismo. Esta enfermedad provoca intoxicación alimentaria, lo cual puede afectar al sistema nervioso. En algunos casos, acaba con la vida de una persona.

Por cierto, fue el contenido de compuestos orgánicos con azufre en el ajo y la cebolla lo que permitió a Eric Block, académico de la Universidad de Nueva York en Albany, nombrar estas verduras, junto con la pólvora, un arma química poderosa. En su libro sobre las propiedades del ajo, publicado por la Royal Society of Chemistry, habla sobre unas plantas industriales especiales que surgieron en áreas de Asia Central, al norte de Afganistán, donde se creó un arma química protectora y experimental a base de ajo y cebolla. Según Eric Block, esta arma no solo mata gérmenes y repela insectos, sino que también daña los glóbulos rojos de gatos y perros. Lo cierto es que, además de él, ni un solo científico ha mencionado esta arma.